¡¡¡Sorpresa!!!

Seguiré concertando citas como de costumbre, aunque a un nivel más “tranqui” y relajado 😉 (Los amantes de la adrenalina tendréis que esperar una temporada… Sorry! 😛 )

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Diario de una escort, el mundo del sexo de pago

Dicen que tengo una mirada misteriosa.

Y es que adentrarse en el mundo del sexo de pago te abre las puertas a infinidad de experiencias que no siempre puedes compartir con los demás. Incluso la decisión de ser escort viene dada por una serie de circunstancias que tampoco siempre puedes compartir. Las escorts vivimos una realidad desconocida para los demás. En foros, en sitios web dedicados al sexo de pago, e incluso en nuestro día a día, nos encontramos con personas que se preguntan curiosamente por qué hacemos lo que hacemos.

Y esto es así debido al estigma recalcitrante que recae sobre nosotros, tanto trabajadorxs como clientxs, tanto putas como puteros. La sociedad nos desprecia en muchas ocasiones; hay una censura incuestionable por parte de esos típicos individuos que creen estar en posesión de la verdad, que hace que tengamos que callar, que nos obliga a que nuestra realidad quede encerrada en la habitación de un hotel.

Con este diario pretendo echar un pulso a esta sociedad censuradora sin conocimiento de causa, y compartir mi realidad con mis clientes, así como también con otrxs profesionales del sexo del pago, y finalmente, con cualquier persona dispuesta a abrir un poco su mente y replantearse su opinión acerca del sexo de pago, pues como dice aquella famosa frase, “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira“.

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Vacaciones

Y después de un magnífico viaje lleno de reencuentros y de inolvidables recuerdos, desconecto durante un par de semanas; el tiempo justo para cargar las baterías, descansar, leer, ver alguna serie pendiente, y planificar algún que otro proyecto que tengo entre manos.

Muchas gracias a quienes habéis compartido vuestro tiempo y experiencias conmigo. Vuelvo a mi tierra un poquito más feliz, y algo melancólica porque me gustaría haberme quedado más tiempo… Pero es que la tierra también tira bastante 😉

Volveremos a vernos.

P.D.: En un par de semanas, tendré preparado un pequeño souvenir de mi viaje, además de una recopilación de posts de mi anterior blog.

 

Un beso muy fuerte, cuidaos mucho y hasta la próxima.

Nadie nace para ser puta

Días intensos. Poco tiempo para hacer todo lo que quiero hacer.

Una improvisada parada en Madrid se convierte en el viaje que hará que ya sí me guste la capital.

Barcelona, vuelvo a tus calles y te siento como a una vieja amiga que tanto me ha hecho ser quien soy hoy, aun sin saber la altura a la que Balmes cruza con Aragón, pero sí poder revelar más de dos y tres rincones mágicos que hasta el más reputado director artístico envidiaría para su rodaje.

Reencuentros con personas que son, por sí mismos, motivo suficiente para haber regresado.

Aguas cristalinas del Maresme. Atardecer púrpura con olor a mar. Noche de luces de neón y ciudad que nunca duerme. Perdida, una más entre los cientos de calles, entre los miles de edificios, la inmensidad de la ciudad me reconforta recordándome lo pequeña que soy, lo pequeños que somos. Restando importancia a lo que no la tiene, y dándosela a la riqueza de mezclar nuestras vidas durante unos instantes que pronto se nos antojarán breves.

Llego a mi habitación. Saco mi dinero del sobre. Con él en la mano, me miro fijamente en el espejo. A mi mente viene la palabra. Mis ojos observan la totalidad de mi cara y, aún después de 4 años, me cuesta creerlo. Pero mi mente insiste, y le espeta a mi cara, silenciosamente, la frase: “Eres puta“. No es la primera vez que lo hace. En ocasiones, mi mente me sorprende con esta frase mientras me miro en el espejo, y todas las veces que lo hace, la reacción de extrañeza sigue siendo la misma que el primer día. Retiro los ojos del espejo y miro el dinero mientras por mi mente pasan, a gran velocidad, imágenes diversas: Barcelona; la brisa del mar en mi cara; las callejuelas del casco histórico; los transeúntes de cualquier zona del mundo; los continuos debates en Twitter entre abolicionistas y compañeras defensoras de la prostitución; la lucha diaria de quienes dan la cara; mi admiración hacia ellas; Madrid; aquel momento con mi cliente que me hace sonreír; la complicidad con aquel otro que hace que ya tenga ganas de verlo de nuevo; las anécdotas y bromas que pudimos contar en aquel interminable viaje por la Nacional, persiguiendo con resignación a la ristra de camiones a 70km/hora, bajo un abrasador sol estival que habría achicharrado al mismo Don Quijote; Ibiza; las copas que tomamos juntos aquel atardecer en el mar; la fina arena bajo mis pies; Andorra; una canción que ya siempre estará en mis mejores recuerdos; un viaje entre bellos y antiguos bosques; Marbella; el mejor sushi que he probado; situaciones que nunca habría podido vivir de no ser por haber compartido mi tiempo con personas tan diferentes a mí; Granada; el hombre del acordeón, cuyas notas me acompañan al  salir del hotel, como recibiéndome con su agradable toque de melancolía; todos los sueños cumplidos y la esperanza de aquellos que me quedan por cumplir; mi cara cuando era niña y jamás imaginaba que de mayor sería prostituta.
En ese momento, viene a mi mente otra frase. Me miro al espejo de nuevo, y mi mente le repite la frase a mi cara, como si, de repente, por fin lo hubiese comprendido todo y se lo quisiese hacer saber cuanto antes: 

Naciste para ser puta.

Nuevas fechas

Llega el veranito, y con él parto, como es tradición ya, a hacer un pequeño recorrido por la península y volver a reencontrarme con mi gente conocida.

Es momento de volver a vivir nuevas experiencias con ellos y con ellas, de recordar las ya vividas mientras disfrutamos de una copita de vino a la orilla del mar o de una deliciosa cena en algún rincón de la ciudad, para después quitárnoslo todo en alguna habitación de hotel y sentir la magia del deseo sexual recorriendo nuestros cuerpos y nuestros sentidos, mientras exploramos nuevas formas de placer mutuo y nos entregamos el uno al otro en esa cadencia deliciosa del erotismo en estado puro.

Es momento de volver a recorrer los lugares que tanto extraño y que tan buenas sensaciones y recuerdos me transmiten cada vez que vuelvo a ellos. La calle Tallers. La Costa Brava. El Barrio Gótico a la luz de la Luna. Los hoteles y edificios de fachadas decimonónicas que dotan de bella majestuosidad a las calles de la ciudad.

Y, por supuesto, es momento también de conocer a nuevas personas con las que compartir momentos únicos y  seguir disfrutando y aprendiendo junto a ell@s de este mundo fascinante que es el sexo de pago.

Siempre digo que no sé si será la última vez que vuelva, pero, ¡es que es la verdad!: quizá el año que viene las cosas hayan cambiado, quién sabe lo que nos depara el futuro… Me gusta pensar que esta vida hay que vivirla pensando que lo que haces en este momento, ya quizá no lo puedas volver a hacer nunca más. Carpe Diem, dirían los romanos. Y como buena romana que soy – 😉 – he decidido aprovechar mi viaje todo lo posible visitando no sólo Barcelona, sino también Madrid.

Así pues, estaré en Madrid del 8 al 10 de julio, y a partir del 11 y hasta finales de mes, en Barcelona. A partir de agosto estaré por el Sur y 100% libre de compromisos laborales, con lo cual, ¿quién sabe? quizá sea la ocasión perfecta para hacer algún otro viaje a la ciudad a la que  me quieras llevar… 

¿Nos vemos? … 😉

 

Hate Mondays

¿Es obligatorio que existan los lunes? Voto por una ley que establezca que sólo existan los fines de semana o, si eso es mucho pedir, que el lunes haya que quedarse en la cama, haciendo … lo que más nos apetezca ;)))

Pero mientras que no tengamos esa suerte… ¡Os deseo una feliz semana!

 

Colores

Hay veces en que la vida te desborda. Ritmos frenéticos, anti-natura, que te obligan a ser un eslabón más de esa sociedad que tanto detestas. Te encuentras inmersa en el vacío existencial de la monotonía sin querer ser consciente de que cada día que pasa sin pena ni gloria es un día menos en tu cuenta atrás particular, una oportunidad menos para vivir de verdad. Entonces, entras a una tienda y encuentras en el mostrador una caja de ceras de colores, como las que utilizabas cuando cada día era vivido con la intensidad de los sentidos, sin la carga de la razón. Decides comprarla, en un arrebato por conectar con todo aquello que un día fuiste y que no recuerdas en qué momento exacto se extinguió de tu interior. Y, a falta de claridad mental para escribir lo que deseas expresar al mundo debido a las muchas horas de responsabilidad laboral, dibujas. Y por tu mente modelada según los cánones de la sociedad capitalista centellean trazos de libertad y de ternura; trazos que, por mucho que lo intentes, no alcanzan la consistencia necesaria para devolverte a aquella niña que soñaba inocentemente sin saber del feroz mundo que la aguardaba.

 

 

 

La verdad

Quería empezar este post con algún proverbio bonito acerca de la verdad, pero llevo un rato buscando en Google y no me gusta casi nada de lo que leo. Hace cinco o diez años, sin duda habría escogido cualquiera de las máximas pronunciadas por algún erudito como Gandhi o Nietzsche, predicando con ella en todos los aspectos de mi vida.

La educación moral que recibí durante mi infancia consistía básicamente en que no se debe hacer daño ni mentir, y así hice durante años hasta que llegó el día en que… decidí anunciarme en una página de clasificados eróticos.

Ya no se trataba de la típica masturbación nocturna escondida en la cama, ni la típica foto porno que intercambias con tu pareja en momentos de “calentón”. El paso que di aquel día iba mucho más allá de lo que la mayor parte de la sociedad considera moralmente aceptable.

Evidentemente, en aquellos momentos no tenía ni idea de cómo mi decisión iba a evolucionar con el paso del tiempo, pues tan sólo se trataba de algo temporal que me iba a ayudar económicamente mientras lo necesitase, sin consecuencias de ningún tipo.

Jamás podría haber imaginado todas las consecuencias que, cual efecto mariposa, aguardaban impacientes a mi yo del futuro. Consecuencias que han ido cambiando mi forma de ver el mundo y a las personas y, con ello, muchas de las máximas en las que creía.

No voy a entreteneros dando detalles acerca de todo lo que he cambiado durante estos años porque, además, son temas que ya he mencionado en posts anteriores. Lo que quería expresar hoy es cómo ha evolucionado mi percepción acerca de la verdad o, mejor dicho, lo bueno y lo malo que conlleva decirla u ocultarla. En lo que respecta a mi trabajo como escort, me he encontrado en innumerables ocasiones sopesando en una balanza imaginaria los pros y los contras de decir la verdad o de ocultarla.

– Decir la verdad. Pros: Tener la tranquilidad interior de no tener que engañar. Aportar mi granito de arena para acabar con el estigma con el que cargamos l@s trabajador@s del sexo. Poder mostrar mi cara y, por lo tanto, que mis fotos fuesen mucho más atrayentes (;P). Contras: La incertidumbre de no saber cómo se lo tomarían las personas que me rodean. Cómo esto podría afectar a terceras personas que, sin pertenecer a mi círculo cercano sino a círculos más externos, también se verían afectadas.

– Ocultar la verdad. Pros: Tener la tranquilidad interior de no tener que afrontar cómo se lo tomarían las personas que me conocen. Contras: Tener que ocultarme y todo lo que esto conlleva.

A este último punto es adonde quería llegar. Ocultarse. Es imposible ocultarse. Puedo difuminar mi cara en las fotos. Puedo viajar a otras ciudades donde nadie me conoce. Puedo inventar una, veinte, mil historias ante mis conocidos para ocultar lo que hago. No negaré que tiene su chispa de adrenalina y que disfruto en cada uno de mis encuentros en parte por  la magia de lo excitante que resulta tener sexo secreto en una habitación de hotel 😉

Pero hay momentos que, por determinados motivos, me entra el pánico y, temiendo que mi secreto se descubra y pensando que no estoy preparada para ello, necesito ocultarme más aún. Borrar todo rastro de anuncios, páginas web, números de teléfono, fotos. No es nada fácil ocultarte cuando trabajas como escort y tu medio de promoción son las redes sociales. Pero, ¿sabéis qué? Me he dado cuenta de lo que es verdaderamente difícil, hipócrita, agotador, es ocultar tu persona, aquello que te hace ser quien eres y como eres, aquello que te define y te caracteriza. Hay personas que llevan una doble vida, otras que actúan con una doble moral, otras que muestran a los demás una máscara que poco o nada tiene que ver con su verdadero yo.

Para mí esto sería impensable. ¡Bastante tengo con tener que ocultar en mi día a día normal todo lo relacionado con mi vida de escort, como para también tener que fingir ser quien no soy cuando estoy siendo escort! 😉

Puede que parezca ambiguo pero, volviendo al tema de la verdad, la conclusión a la que he llegado después de este tiempo es que, a pesar de mantener dos vidas completamente diferenciadas e irreconciliables entre sí, y que para que continúe siendo así tenga que recurrir a mentiras de diversa índole (mi nombre para unos, los tacones y condones escondidos en el bolso para otros), lo que está claro es que detrás hay una única yo con una personalidad inconfundible e inimitable y que, me llamen como me llamen, ya sea Roco, Adri, o Lea, seguiré siendo fiel a mi verdad 😉

P.D.: Finalmente encontré dos frases que me han convencido 😉

 

“La verdad de un hombre reside, sobre todo, en lo que calla”. (André Malraux)

“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella” (Aristóteles)

 

 

Trabajo Sexual

Cada vez está más de moda el tema del trabajo sexual. ¡Cuánto ha cambiado el panorama desde que yo me adentré en esta fascinante profesión, hace ya cuatro años! En aquella época, no había apenas rastro de empoderamiento ni dignificación por nuestra parte. Las redes sociales relacionadas con el trabajo sexual eran, básicamente, las páginas de anuncios y los foros de “experiencias” (todavía en funcionamiento pero con un futuro cada vez más oscuro, por suerte y gracias a la evolución de las mentalidades), donde un usuario cualquiera puede registrarse en medio minuto sin ningún tipo de verificación, poner una nota numérica a la chica en cuestión como si de un mero número se tratase, y cargarse su reputación y su salario mensual sin el menor remordimiento o escrúpulo, desde la comodidad del anonimato.
Actualmente, asistimos a la revolución del trabajo sexual y lo hacemos en primera persona, aprendiendo, escuchando, debatiendo y, lo más importante, reflexionando para lograr vencer juntos el estigma que ciertos organismos al poder se han encargado de enclavar durante siglos a todo aquello que estuviese relacionado con las partes íntimas.

Aún queda mucho por hacer, de eso no cabe duda. Pero lo más importante para mí, con lo que yo me quiero quedar, es que el cambio se vuelve cada día más patente. Si antes dudábamos, desde el aislamiento social que sufríamos, en si debíamos hacer tal o cual cosa como trabajadoras sexuales, hoy tenemos el apoyo de compañeros y compañeras, de instituciones y asociaciones que luchan cada día por mejorar nuestras condiciones de trabajo, unas condiciones que algun@s aún se empeñan en negarnos debido a su incapacidad de evolucionar en sus obstinadas ideologías.

¿Y qué pasa cuando un cambio social se hace tan evidente? Lo podemos comprobar si nos remitimos a cualquier cambio social ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad: la parte más tradicional y obsoleta lucha con todas sus fuerzas al ver sus ideales en peligro. Se enraízan luchas encarnizadas por llevar la razón, por derrotar la opinión contraria, sin importar el daño causado a terceros. Lo vimos con la lucha contra la esclavitud de los negros, lo vimos con la lucha por los derechos universales de las mujeres, y ahora lo estamos viendo con la lucha por una igualdad de derechos plena y verdadera para todos los seres humanos.

En lo que respecta al trabajo sexual, que es el tema que nos concierne, se hace preciso repetir, aclarar y explicar las veces que sean necesarias qué implicaciones y significados derivan del mismo, pues la experiencia nos está demostrando, a través de la violencia y el menosprecio que ciertos sectores aplican a sus discursos abolicionistas y machistas, que nos queda un largo camino por recorrer hasta que la sociedad comprenda de qué trata todo esto de ser puta.

Llegados a este punto y, para argumentar mi posición, me gustaría encuadrar el trabajo sexual en el ámbito económico que le corresponde: el sector servicios.

Existen tres sectores económicos principales en todo Estado desarrollado: el sector primario, el sector secundario y el sector terciario. Mientras que el sector primario se encarga de obtener materias primas directamente de la naturaleza, el sector secundario transforma esas materias primas en productos. Por otra parte, el sector terciario ni obtiene ni ofrece productos, sino que ofrece servicios.
Aquí llega, desde mi punto de vista, la primera y mayor traba que la sociedad encuentra con respecto al trabajo sexual: la confusión entre productos y servicios.

Por lo tanto, lo primero que debemos hacer es diferenciar un producto de un servicio:

  • Un producto, también llamado bien (y usado mayormente en plural) es algo material o inmaterial que se adquiere en el mercado pagando un precio por ello. Ejemplos de bienes materiales son unos zapatos, una casa, una barra de pan o un teléfono móvil. Ejemplos de bienes inmateriales son una marca (de ropa, de refrescos…), una patente o un seguro (médico, del automóvil…)
  • Un servicio, según nos dice la propia RAE, es la «organización y personal destinados a cuidar intereses o satisfacer necesidades del público o de alguna entidad oficial o privada». Por ende, un servicio no produce ni transforma bienes o productos. Ejemplos de servicios son la sanidad, el transporte, la cultura o el comercio.

 

De lo anteriormente expuesto, debemos sacar dos conclusiones principales:

  1. No se debe confundir un bien inmaterial con un servicio. El bien inmaterial es un producto, una cosa. Y ya sabemos (nos lo enseñaron en Primaria, en la clase de lengua castellana) que las cosas pueden ser concretas o abstractas; tangibles o intangibles. El hecho de que una marca no se pueda coger con las manos no la transforma en servicio, y viceversa: el hecho de que un trabajo sexual no se pueda coger con las manos no lo transforma en bien, ni inmaterial ni de ningún tipo.
  2. No se debe confundir comercio con trabajo sexual. El comercio es una rama del sector terciario, un tipo de servicio, mientras que el trabajo sexual es otra rama totalmente diferente del sector terciario, otro tipo de servicio. Los servicios no se solapan entre sí. Una agencia de turismo no funciona como un colegio, del mismo modo que una trabajadora sexual no funciona como un supermercado. Dicho de otra forma: el comercio es un subsector del sector servicios basado en la compraventa de bienes o servicios, a diferencia del trabajo sexual, que es otro subsector del sector servicios basado en el ofrecimiento de servicios sexuales como pueden ser el acompañamiento íntimo con relaciones sexuales pactadas entre usuario y trabajador sexual, el strip-tease y demás  tipos de baile o actuaciones eróticas, o las sesiones eróticas de webcam, entre otros muchos.

 

Hay dos profesiones con las cuales me gusta comparar el trabajo sexual para poder desentrañar las implicaciones del mismo y las condiciones que deberían cumplir todas las partes interesadas: con el trabajo de un psicólogo y con el trabajo de un fisioterapeuta.

– El psicólogo ofrece un acompañamiento psicológico y emocional, te hace sentir mejor emocionalmente a cambio de una cantidad de dinero. El psicólogo, como cualquier otro profesional, tiene una serie de normas o condiciones que elige libremente, como su horario, su tarifa, o el derecho de admisión. Normalmente, para acudir a un psicólogo primero tienes que pedirle una cita a través del medio de contacto que ofrezca. Normalmente, tiene un horario de trabajo y no atiende consultas fuera de ese horario. Si su horario es de 9 a 20, casi con total seguridad no responderá llamadas a las cuatro de la mañana.

Cuando vas a acudir al psicólogo, primero te informas de sus horarios, sus tarifas y sus condiciones, y compruebas que se adecuan a tus expectativas o posibilidades. Si tienes pensado gastar 50 euros por sesión pero el psicólogo que te ha gustado por Internet cuesta 70 euros por sesión, no lo llamas para pedirle que te rebaje su tarifa porque eres un paciente muy amable, educado y de buen ver. Del mismo modo, si el psicólogo te informa de que esa semana, o ese mes, no podrá seguir pasándote consulta por cualquier motivo, no te dedicas a llamarlo durante ese tiempo pidiéndole que te pase consulta.

No te enamoras de tu psicólogo. Quiero decir, habrá pasado miles de veces que una pareja se haya conocido en entornos laborales, desde luego; pero el psicólogo está ahí para acompañarte psicológica y emocionalmente durante el tiempo que dure vuestra sesión. Después, él volverá a su vida y tú volverás a la tuya, y aunque lo recuerdes con cariño y él a ti también, y aunque os tengáis aprecio mutuo y algún día incluso lo encuentres en un bar y charles desenfadadamente con él durante unos minutos mientras bebéis una cerveza, tu psicólogo no está ahí para enamorarse de ti ni para que tú te enamores de él. ¡Y no pasa nada! Vuestra relación seguirá siendo igual de buena.

– El fisioterapeuta, por su parte, ofrece terapias corporales que mejoran tu condición física, te hace sentir mejor físicamente a cambio de una cantidad de dinero. El fisioterapeuta, como el psicólogo, tiene una serie de normas o condiciones que elige libremente. Si te has lastimado la rodilla y quieres al mejor fisioterapeuta de la ciudad pero éste cobra 100 euros la hora y tú solo puedes gastar 50, no lo llamas para pedirle que si te puede atender aunque sean diez minutos y así cobrarte tan sólo 50.

Tampoco te enamoras de tu fisioterapeuta, aunque tenga las mejores manos del mundo. Puede incluso que te hayas excitado en un momento dado del masaje aunque no quieras confesárselo a nadie. Puede que le hayas revelado, entre flexiones y estiramientos, algún que otro secreto íntimo; pero eso no significa que el fisioterapeuta tenga por qué bajarte su tarifa en la siguiente sesión, ni que en adelante os dediquéis a chatear por WhatsApp. ¡Y no pasa nada! Vuestra relación seguirá siendo igual de buena.

Está claro que una trabajadora sexual no es una psicóloga ni tampoco una fisioterapeuta. Es eso y mucho más: es modelo, relaciones sociales, actriz, teleoperadora, gestora inmobiliaria, web designer, escritora, especialista en marketing y redes sociales, fotógrafa, gestora, administrativa y algunas veces hasta conductora de motos acuáticas 😉 Aunque haya ciertos aspectos parecidos con otras profesiones del sector servicios, son en realidad diferentes en muchos aspectos. Son, en definitiva, profesiones “primas hermanas” que pertenecen a un mismo sector. Ese sector determina (o debería determinar) las condiciones laborales básicas que se deben cumplir, y esas condiciones, en el caso del servicio sexual, vienen a su vez especificadas por las partes interesadas en el momento del contrato del servicio: es decir, por los seres humanos que pactan ese servicio.

Así es, señoras y señores. Somos seres humanos. No somos productos que se compran o se venden, ni somos cosas que se utilizan para saciar nuestro ego o descargar nuestras frustraciones. No vendemos nuestro cuerpo ni nuestras mentes, sino que vendemos un servicio basado en nuestra compañía. Y el precio de ese servicio tampoco viene determinado por cosas u objetos, es decir, no viene determinado por el color de nuestra piel, o el lunar de nuestro brazo, o el tamaño de nuestros pechos. Viene determinado por nosotras mismas y por cuánto dinero estimamos oportuno recibir a cambio de nuestros servicios en base a muchos factores personales. Somos, pues, seres humanos con  vidas más o menos imperfectas, más o menos felices, más o menos aburridas, más o menos alocadas, más o menos complicadas. Con nuestras peculiaridades, cualidades y defectos. Con días mejores y con días peores. Con nuestras quejas acerca de lo que no nos gusta y con nuestras reivindicaciones acerca de lo que queremos cambiar. Con nuestro orgullo frente a lo que nos hace sentir felices y satisfechas. Con nuestro valor para gritarle a la sociedad que basta ya de machacarnos. Con nuestros sueños, nuestras metas, nuestros objetivos y nuestras ilusiones, que poco a poco van tomando forma gracias a quienes gustáis de nuestra compañía y lo hacéis posible.

Busybody

Why do people always try to find the «dark part» of being an escort?

Recently, social media have been overwhelmed with opinions, beliefs, judgments and even assertions about how being a prostitute is like.

Doza-de-erotism-clasic-–-cărţi-erotice-controversate-
This is how I see prostitution

Forums, websites, online magazines, tweets… Everyone seems to feel in position to make general-audience quotes about sex work WITHOUT actually being a sex worker. What is worse, a large number of these people struggle to find a demagogic, festooned method to express their opinion -or, should I say, to conceal their frivolous pursuit of followers.

ego-facebook

If stigma and prejudices restrain you from putting a price on your own intimate companionship; if you have never entered a brothel, or a hotel room, in order to receive a certain amount of money; if you have never been an escort, whether you are a man or a woman… Why do you generalize about the fact of being an escort? Why do you mix up different topics such as prostitution and human slavery or sexism?

slavery
This is human slavery
sueldos-y-salarios
This is also human slavery for me, or any work that doesn’t make you feel good

Are you truly against human slavery? Then stop buying clothes at Primark! Stop eating at McDonalds! Stop using mobile phones! (You heard about coltan, didn’t you?)

Are you truly against sexism? Then stop telling women what they should do with their bodies; stop telling women how they should think; stop telling men how they should feel about having appointments with a sexual worker.

 

In a world starved for authenticity, everyone has something to say about burning issues. Not that they have ever cared enough to try to understand others’ points of view —it’s simply a question of trendiness.